domingo, 20 de octubre de 2013

cosas que (probablemente) no sabías de 'El nombre de la rosa'

13 cosas que (probablemente) no sabias de el nombre de la rosa

De Niro quería espadazos

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Al parecer, el nombre preferido por Jean-Jacques Annaud para dar vida a fray Guillermo fue el de Robert De Niro: contar con el italoamericano no sólo hubiese supuesto tener a un talento de primer orden en la película, sino también un fuerte gancho para la taquilla. Y, lo que es a ‘Bobby’, la idea le interesaba, además. ¿Por qué no llegaron a ficharle? Sencillo: De Niro quería que la película terminase con un duelo de esgrima entre Guillermo y Bernardo Gui (F. Murray Abraham). Dado que la película ya se tomaba bastantes libertades con este último personaje (un auténtico inquisidor experto en la quema de herejes), Annaud consideró que aquello ya era pasarse.

La primera división del siglo XIV

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Como hemos dicho, nadie quería a Sean Connery para El nombre de la rosa: en 1986, al actor escocés se le consideraba veneno para la taquilla, hasta el punto en el que Columbia Pictures se negó a financiar la película tras enterarse de que él iba a ser el protagonista. A Umberto Eco, por su parte, le importaba un pimiento su potencial recaudatorio, pero tenía otras objeciones. Según cuenta Jean-Jacques Annaud, el escritor resumió su primera y única charla con Connery en cuatro palabras: “Sabe mucho. De fútbol”.

Christian quiere a Valentina

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Para aquellos que vieron El nombre de la rosa en edad púber, la escena más memorable siempre será la del desvirgamiento de Adso de Melk (Christian Slater) a manos de una anónima campesina (Valentina Vargas). Y, si el momento de marras impresiona, su historia behind the scenes es graciosa cuanto menos: durante el cásting de la película, un Slater de 16 añitos se quedó tan impresionado con la Vargas que su madre (¡!) fue a hablar con Annaud pidiéndole que, por favor, contratase a aquella moza que tanto fascinaba a su retoño.

Arquitectura monumental

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Para rodar los interiores de la abadía, el equipo de la película se trasladó a Alemania. Concretamente, almonasterio de Eberbach, fundado en el siglo XII por san Bernardo de Claraval. Como había que darle exteriores al lóbrego edificio, se erigió un plató en las cercanías de Roma que quedó como el decorado más grande edificado en Europa. Para los subterráneos, la solución fue más modesta: se usó el sótano de un restaurante de la capital italiana.

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